martes, 13 de septiembre de 2011

Educación, metodología y cambio de siglo. (Enrique Dans)


Educación, metodología y cambio de siglo

Enrique Dans



http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2007/480/1173283309.html



Ir a clase. Piense en esa frase. Paladéela, evoque todas las ocasiones en las que la ha pronunciado. Sentarse en una silla y asistir al evento central de la vida académica. Formarse, adquirir conocimientos, recibir un título… todo pasaba por el acto repetitivo de ir a clase. Podemos tener códigos de asistencia más o menos rígidos, profesores mejores o peores, pero la esencia nunca cambia: la clase es el momento de la transmisión del saber del profesor a aquellos que tiene ante sí. Mi contacto con la Universidad española tuvo lugar entre 1984 y 1989. Entonces, sin avances como internet, Google o Wikipedia, la clase tenía sentido: el acceso al conocimiento era caro, incómodo, difícil de digerir. El profesor escogía fuentes, las hacía asimilables y las transmitía a unos alumnos que las vertían en sus apuntes. La clase consistía en un docente que proporcionaba material a unos alumnos afanados en volcarlo en hojas de papel. Llegar con papeles en blanco, salir con ellos llenos de texto y diagramas. Rigurosamente unidireccional: el docente no invadía el espacio de los alumnos, porque no tenía sentido: la nota dependía de los exámenes, y la clase no tenía que ver con ellos.

Había un cierto consenso en que quien iba a clase tenía más posibilidades de aprobar, aunque sólo fuese por la retención derivada de tomar apuntes. Sin embargo, he visto a alumnos obtener buenas notas sin pisar el aula: todo era tener un buen copista, como era mi caso: dotado de una gran velocidad de escritura, acudía rigurosamente a clase y cedía mis apuntes a aquel que me los pedía. Pasear por la biblioteca era reconocer mi letra en múltiples mesas, y ver como algunos compañeros, con mis apuntes, obtenían en ocasiones mejores notas que yo.

Mi experiencia de universitario del siglo pasado contrasta de manera brutal con la de docente de este siglo. En primer lugar, el acceso a las fuentes de información se ha universalizado. Los alumnos tienen la información al alcance de un clic, y pasean por ella con naturalidad. La transmisión del conocimiento también ha cambiado: si en mi clase me pongo a leer unos apuntes, mis alumnos saldrán en pocos minutos a pedir mi sustitución. Las escenas de mis años de Universidad son ya recuerdos lejanos del siglo pasado.

Lo que hoy vivo en una clase va mucho más allá de la transmisión de información: provocar discusión, participación, fijar conocimientos mediante experiencias, vivencias, aportes personales… La información llega antes de la clase, se enriquece, se trabaja sobre ella, y la clase se centra en tareas de más valor añadido. Tomar apuntes en una clase es un uso ineficiente del tiempo y de la atención.

La tecnología es una parte importante de esta transformación. No sólo lleva información a los estudiantes, sino que permite además que el profesor la use para comunicarse, discutir en foros, proporcionar fuentes adicionales, etc. El flujo de información cambia incluso el caduco principio de autoridad: el profesor no puede asumir que tiene más o mejor información que sus alumnos. Además, la tecnología hace desaparecer las paredes del aula: cada semana doy clase a alumnos en los más diversos lugares del planeta, a los que integro en la discusión mediante cámaras web, mientras ellos me ven a mí en una ventana, mi presentación en otra, y comentan o preguntan en una tercera: una enseñanza online que, lejos de ser un autoestudio de bajo coste, es una clase de verdad, con su riqueza y experiencias, en la que la profundidad de la discusión, ayudada por la mayor riqueza del medio, va más allá que la clase convencional.

Este año, llevado por esa paradoja, he empezado a introducir la vertiente electrónica en clases que no lo son: tras la sesión presencial, los alumnos encuentran un foro en el que continuar la clase, preguntar dudas, aportar ideas, materiales… la clase ya no termina cuando el reloj da la hora.

La evolución de las metodologías de enseñanza va paralela a la revolución de la tecnología. ¿Pueden las instituciones usarlo para mejorar la calidad del producto? En eso consiste el reto de la educación en este ya no tan reciente cambio de siglo.

3 comentarios:

  1. Te invito a que hagas un ejercicio y nos lo compartas.

    Imagina a una de tus alumnas o a uno de tus alumnos escribiendo dentro de 10 años un artículo en el que compara cómo está aprendiendo y cómo aprendía hace 10 años.

    ¿Qué diría su texto?

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  2. Recuerdos de la enseñanza.
    Escrito por: Lorena Montero.
    Debo aceptar que me resulta bastante grato, participar en este pequeño ejercicio de reflexión sobre mi pasado como alumna, me motiva a evocar en mi memoria todos esos recuerdos de antaño cuando cursaba 3º y tenía tan sólo 8 años de edad, actualmente tengo 18 años, es una etapa donde la forma de enseñar sigue sufriendo cambios, donde mis maestros al igual que hace 10 años ponen todo su empeño en lograr que yo sea quien descubra las razones de cada una de las situaciones o problemáticas en las cuales me encuentro implicada con mi aprendizaje, sin lugar a dudas todos aquellos recursos que utilizaba mi maestra de tercero como el Internet, el cañón y el uso de Power Point se siguen utilizando, pero sin embargo ahora mis docentes las diseñan de una forma exquisita a la vista y con mayores funciones. Al igual que hace unos años mis maestros siguen apostando y confían en el trabajo cooperativo, ahora con mayor responsabilidad asumimos los roles que nos tocan o que asignamos, en 3º la maestra nos decía paso a paso qué hacer. Extraño mucho esos años cuando jugábamos y aprendíamos o mejor dicho aprendía jugando. Que les puedo decir, las cosas si han cambiado ahora tengo muchas más responsabilidades, es mi total decisión el participar activamente en mi aprendizaje. Pero me da mucho gusto que todo lo que aprendí en 3º y la forma en cómo lo hacía mi maestra es muy parecido a lo actual solo que con mayor grado de complejidad.
    Amigos espero que su Educación Primaria haya sido tan interesante como la mía.
    Y ustedes se han puesto a pensar en ello ...

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  3. Hola Rosario!!!

    Gracias por compartirnos lo que escribiría Lorena dentro de diez años.

    Dentro de todo lo valioso que Lorena podría redactar, quisiera destacar el hecho de su convencimiento en ser una participante activa de su propio aprendizaje ya que reflejaría que el trabajo realizado logró formar en ella dos de las competencias que no debemos perder de vista y que, si me apuras un poco, podría decir que son las dos más importantes para ser contempladas en nuestros procesos de planeación y nuestra planeación de procesos: aprender a aprender y aprender a ser.

    Gracias de nuevo.

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